Antes de ecualizar
Revisa lo básico: el micrófono bien colocado (cerca de la boca y apuntando a ella), la ganancia bien ajustada y la acústica de la sala. Si la voz suena lejana por un micrófono mal ubicado, ninguna ecualización lo compensa.
Mapa de frecuencias de la voz (valores aproximados)
| Zona | Qué aporta | Qué hacer |
|---|---|---|
| Menos de 80–120 Hz | Ruido de manipulación, soplidos, retumbo de la sala | Filtro de graves (HPF) |
| 200–400 Hz | Cuerpo; en exceso, voz “encajonada” o turbia | Bajar un poco si suena tapada |
| 1–3 kHz | Inteligibilidad de las palabras | Cuidar: dar claridad sin volverla áspera |
| 3–5 kHz | Presencia; la voz “avanza” | Subir poco si queda atrás |
| 5–8 kHz | Sibilancia (las “s” cortantes) | Bajar si hiere el oído |
| 10 kHz o más | Aire y brillo | Un toque, si el micrófono lo permite |
Son referencias, no reglas: cada voz, micrófono y sala es diferente. Escucha antes de mover.
Un orden de trabajo sencillo
- Filtro de graves para quitar lo que no aporta.
- Busca el “barro”: si la voz suena tapada, un corte pequeño en la zona de 200–400 Hz suele ayudar.
- Da claridad: un leve refuerzo en la zona de presencia hace que la letra se entienda sin subir el volumen general.
- Controla la dureza: si las “s” o los agudos duelen, baja un poco en la zona de sibilancia.
- Compara con el ecualizador apagado para confirmar que mejoró.
Regla de oro: restar antes que sumar y cambios de 2 a 3 dB. Los cortes grandes y los refuerzos grandes casi siempre empeoran el sonido.
Pastor y cantantes no son lo mismo
- Predicación: prioriza la inteligibilidad y un volumen constante. Un micrófono de diadema o de solapa cambia mucho el tono; ajusta la ecualización a ese micrófono, no a otro.
- Cantantes: permiten un poco más de cuerpo y brillo, siempre cuidando que no compitan con los instrumentos en la misma zona.
- Voces de coro: mejor un solo ajuste general que ecualizar cada micrófono por separado.
Compresión: el complemento de la ecualización
Una compresión suave nivela las frases fuertes y las suaves para que la voz se mantenga presente sin que tengas que mover el fader todo el tiempo. Empieza con una relación moderada y ajusta hasta que el efecto no se note: si “respira” o suena aplastada, es demasiado.