Por qué se produce
Un micrófono capta sonido, el sistema lo amplifica por los altavoces y parte de ese sonido vuelve a entrar al micrófono. Si la señal que regresa es más fuerte que la original, se forma un bucle que sube de volumen hasta convertirse en feedback. Depende de tres cosas: ganancia (cuánto amplificas), distancia (qué tan cerca están micrófono y altavoz) y frecuencia (algunos tonos se realimentan primero por la acústica de la sala).
Prevención: lo primero que debes hacer
- Menos micrófonos abiertos. Cada micrófono abierto suma ruido y riesgo. Silencia (mute) los que no se usan en ese momento.
- Ganancia justa. Si el canal necesita demasiada ganancia para escucharse, acerca el micrófono a la fuente en lugar de subirla (guía de ganancia).
- Posición de los altavoces. Los altavoces principales deben quedar delante de los micrófonos, no al costado ni detrás.
- Micrófonos adecuados. Los dinámicos cardioides rechazan mejor el sonido que viene de atrás; el cantante debe usarlos cerca de la boca.
- Filtro de graves (HPF) en cada voz: quita ruido y energía que no aporta.
Monitores de piso: el punto crítico
Los monitores apuntan hacia el escenario, justo donde están los micrófonos, así que son la causa principal de feedback en el servicio. Colócalos en el eje en el que el micrófono tiene menos sensibilidad (con la mayoría de los cardioides, detrás del micrófono, apuntando hacia el cantante) y mantén su volumen lo más bajo posible. Si puedes, cambia a monitoreo personal: sin altavoces en el escenario, el problema casi desaparece.
Si ya tienes feedback
- Baja el fader del canal más probable (el micrófono que está más cerca de un monitor o el que acaba de abrirse).
- Silencia los micrófonos que no estén en uso.
- Con calma, localiza la frecuencia y aplica un corte pequeño y angosto con un ecualizador. Un supresor de feedback automático puede ayudar, pero debe ser el último recurso.
Si el feedback vuelve en cada ensayo, el problema es estructural (posición, ganancia o acústica) y conviene revisar el sistema completo.
Probar el sistema antes del culto
Una práctica habitual es “sonar” el sistema antes del servicio: con los micrófonos abiertos como en el culto, se sube poco a poco la ganancia del sistema hasta que aparece el primer feedback y se baja un corte pequeño en la frecuencia correspondiente, repitiendo con cuidado un par de veces. Hazlo con volumen bajo y sin gente cerca de los altavoces para no lastimar a nadie ni al equipo.